Desde los primeros momentos de One Punch Man, se ha dejado claro que Saitama es un héroe imparable. Su poder es tan vasto que ninguna amenaza parece estar a su altura, derrotando a todos sus enemigos con un solo golpe, sin importar lo fuertes que sean. Un claro ejemplo de esto es su enfrentamiento con Lord Boros, un pirata alienígena que parecía ser la amenaza más grande hasta ese momento. A pesar de su impresionante poder y regeneración, un solo golpe de Saitama fue suficiente para acabar con él.
Sin embargo, a lo largo de la serie, encontramos a otro personaje que desafiaría las leyes del poder: Garou. Este antiguo héroe que se convirtió en el «Héroe de los Monstruos» empezó a crecer en fuerza, habilidades y comprensión del combate de una forma que lo puso en una trayectoria peligrosa. Su impulso hacia la cima de la fuerza culminó en un momento trascendental: su conversación con «Dios», un misterioso ser que le ofreció poder divino a cambio de su alma. En el siguiente artículo exploraremos la trama de One Punch Man y como fue que Garou se convirtió finalmente en el Terror Cósmico dentro de One Punch Man.
Garou deseaba no perder contra Saitama
A lo largo de su evolución, Garou se convirtió en una figura cada vez más poderosa, capaz de desafiar a los héroes más fuertes de la Clase S y a las amenazas más peligrosas de Nivel Dragón. Sin embargo, a pesar de su creciente fuerza, Garou se dio cuenta de que sus objetivos no coincidían con los de la Asociación de Monstruos, lo que lo llevó a romper con ellos y seguir su propio camino. A pesar de una dura derrota ante el Rey Monstruo Orochi, esta experiencia solo lo impulsó a volverse aún más fuerte.
Después de esa derrota, Garou continuó su ascenso hacia la grandeza, enfrentando y derrotando a numerosos oponentes de alto nivel. En algún punto, se convirtió en la única amenaza que parecía capaz de igualar a Saitama en poder. En su legendaria batalla contra el héroe calvo, Garou evolucionó continuamente, adoptando nuevas formas de combate mientras se enfrentaba a Saitama. Sin embargo, aunque su poder crecía, aún no estaba a la altura del verdadero nivel de Saitama.
En un momento crítico, Garou se encontró con el misterioso «Dios», quien le otorgó un poder cósmico que desbloqueó su Modo Miedo Cósmico, una transformación que lo llevó a otro nivel de fuerza. Esto le permitió enfrentarse brevemente a Saitama y, mediante su habilidad de mimetismo, copiar sus movimientos y acceder a su propio «Modo Saitama». Sin embargo, incluso con este poder, Garou no fue capaz de igualar a Saitama, cuya tasa de crecimiento y poder era simplemente insuperable. Este enfrentamiento final dejó claro que, aunque Garou deseaba desesperadamente no perder contra Saitama, su poder estaba limitado por las vastas diferencias entre ambos.
Durante el clímax de su enfrentamiento con Saitama, Garou experimentó una de las humillaciones más grandes de su vida. A pesar de su poder aumentado, no podía igualar la fuerza inconmensurable de Saitama. La impotencia aumentó cuando Tareo, el niño que había estado observando la pelea, lo interrumpió, confundiendo a Garou con un héroe. Esto enfureció a Garou, quien vio en este momento una manifestación de todo lo que había estado luchando en contra: la admiración de la gente hacia los héroes. Saitama, consciente de la preocupación de Tareo, le aseguró que no mataría a Garou, lo que solo intensificó la furia del monstruo.
A medida que la batalla avanzaba, Garou se dio cuenta de que Saitama era el verdadero obstáculo para sus ambiciones. Después de ser derrotado por la fuerza imparable del héroe, Garou lamentó la injusticia de ser superado por un poder tan abrumador y, en su desesperación, deseó poder cambiar su destino. Fue en este momento cuando «Dios» se manifestó ante él, tomando la apariencia de Bang, el maestro de Garou. Aunque Garou reconoció que no era el verdadero Bang, decidió aceptar la oferta de poder divino, ya que era su única opción para vencer a Saitama. Al golpear la mano de «Dios», una enorme cantidad de poder cósmico se desató en su cuerpo, transformándolo y llevándolo al Modo Miedo Cósmico, un estado de fuerza abrumadora.
A pesar de esta nueva forma, Garou fue, una vez más, derrotado por Saitama, quien simplemente incrementó su poder para aplastar a alguien que, en ese momento, podía destruir la luna con un solo puñetazo. La derrota de Garou subraya la enorme brecha que existe entre él y Saitama, incluso con la intervención de un poder divino.
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